Hiroshi Yasuda (保田浩志) @Yash25571056 · «La COVID persistente es una crisis de salud pública mundial que ha afectado a más de 400 millones de personas sin tratamientos aprobados. Dada la variabilidad en su presentación clínica y la variedad de mecanismos subyacentes, la dificultad de captar componentes clave como el malestar post-esfuerzo (MPE) y la rápida evolución de la base de investigación, es improbable que exista un único resultado que pueda reflejar el alcance de la progresión o resolución de la COVID persistente.

En la COVID persistente, los sistemas afectados, las nuevas afecciones, la intensidad y el impacto en la calidad de vida difieren significativamente entre individuos. Se ha planteado la hipótesis de que varios mecanismos contribuyen a las alteraciones fisiológicas en la COVID persistente, entre ellos: - autoinmunidad y otras formas de desregulación inmunitaria; - señalización neurológica disfuncional; - disbiosis y translocación intestinal; - inflamación; - reactivación del virus latente; - disfunción mitocondrial; - trombosis; y - persistencia viral. El malestar post-esfuerzo (MPE) es un sello clínico distintivo de la EM/SFC, que es un fenotipo clave de la COVID persistente. Los síntomas del MPE incluyen, entre otros: - fatiga debilitante; - disfunción cognitiva, gastrointestinal y del sueño; y - sensibilidad sensorial. El malestar post-esfuerzo es difícil de medir y puede resultar contradictorio para quienes no están familiarizados con la afección. El tratamiento del malestar post-esfuerzo (MPE) no se trata de un problema de esfuerzo físico (MPE). «Medidas de resultado recomendadas para la COVID prolongada y sus implicaciones para el diseño de ensayos clínicos, con especial atención al malestar post-esfuerzo»