
El bombero y paramédico Mike Camilleri solía no tener ningún problema para transportar las pesadas escaleras del equipo. Ahora padece COVID largo, y se sube cautelosamente a una caminadora para ver qué tal se desempeña su corazón en una simple caminata.
“Esta no es una especie de prueba para tipos súper fuertes, así que no finja”, le advirtió Beth Hughes, terapista física de la Universidad Washington en San Luis.
De alguna forma, un caso moderado de COVID-19 desató una reacción en cadena que a la larga dejó a Camilleri con peligrosos picos en su presión arterial, un ritmo cardíaco que se aceleraba al menor esfuerzo, y episodios de dolor intenso en el pecho.
Está lejos de ser el único. La magnitud de los estragos que el COVID-19 ha causado en la salud cardíaca de los estadounidenses apenas está empezando a aflorar, años después de que comenzó la pandemia.